5. Snow A Luis lo conocí aun siendo una niña, yo estaba en el bachillerato cuando vi su cabellera rubia atravesar la cancha del colegio. Éramos un par de adolescentes inocentes y enamorados que compartían la pasión del rock y las películas de Kubrick.
-Mirá- me paso uno de sus audífonos un día en el descanso - Mi corazón late por vos como la guitarra de Frusciante-
4. Muchacha ojos de papel. Simón era estudiante de sociología. Le gustaba el café, Spinetta y los movimientos políticos universitarios. Lo conocí cuando entré a la universidad. En las tardes salíamos a tomar café y hablar de Borges, cuando caía la noche me llevaba en la barra de su bicicleta hasta mi casa. Me decía que por mis ojos podía pedalear hasta el norte de la cuidad.
-Sos como una canción del Flaco- me susurro un día al oído.
3. You Know I'm No Good. Mi romance con Andrés comenzó siendo una aventura prohibida, nos encantaba tomar ginebra barata los domingos en la loma de la cruz, para luego ir consumar nuestras ganas en algún motel barato de la quinta. Yo era amiga de su novia cuando supe que nuestra aventura se estaba convirtiendo en romance. Buscaba a otros para olvidarlo, pero siempre regresaba él y terminaba enredada en sus sabanas.
–Te amo- me dijo un día mientras me vestía.
-Sabés que no soy buena para vos- le conteste.
2. Puente: Ricardo llego a mí por una suerte del destino, se acerco a mi una vez en la calle para decirme lo hermosa que era. Fue mi amor más grande y el maestro más importante de mi vida. Era músico, amaba a Cerati y le encantaban mis labios pequeños. Nos gustaba salir en la noche y visitar los bares cuidad mientras escuchábamos música a todo volumen es su camioneta vieja.
-Te dibuje en mi mente y te hice aparecer- me confeso una tarde mientas dibujaba un puente imaginario entre su pecho y el mío.
1. Starlight: Sufría de mal de amores cuando Carlos me saco de las profundidades de la tusa. Lo conocí borracha en una noche de rumba caleña. Tenía una sonrisa que me iluminaba el alma, quería robármelo y llevarlo recorrer el mundo en barco. Le gustaba cargarme y darme besos en las mejillas mientras veíamos las luces de la noche y hablábamos de filosofía . Cuando estaba entre sus brazos le pedía a Dios que me dejara morir ellos.
– Nunca me soltés, te quiero sostener toda la vida- le rogué una vez bajo la luz de las estrellas.
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